PFQMG (VOL2) - Cap. 5 - Porque quiero que esto acabe


Rita


Justo después de la clase de música tenía que salir casi corriendo a mi siguiente clase. Pero gracias a Mia, que me siguió como si fuera mi sombra, tuve que huir y no asistir en todo ese día. No entendía tanta insistencia con Key como para enviarme a la chica que arruinó todo, supuestamente para darme explicaciones de algo que ya no me importaba más. ¿Por qué le costaba tanto dejarme en paz?

La próxima vez que lo viera le diría sus verdades en la cara.

—¿Rita, me escuchaste? —siento que murmura una voz cerca de mi oído, sacándome de mis pensamientos.

Parpadeo hasta enfocar la vista en el masivo cuerpo de Cliff, mi jefe.

—¿Qué? ¿Qué pasó? —pregunto de mala gana.

Cliff suspira mientras saca un pañuelo de papel de su bolsillo derecho del pantalón y se lo pasa repetidamente por la frente que ahora está cubierta en sudor.

—Dije que hoy vinieron los nuevos uniformes que pedí —señala la caja ubicada cerca de la salida de emergencia—, cuando venga Annita dile que te cubra mientras tú los repartes.

Mi ceño comienza a fruncirse de inmediato.

—¿Por qué insistes en que usemos esas cosas? Te juro que si es otro de pirata sexy te voy a…

—No, no, no —dice él al instante, elevando sus manos con rapidez—. No es eso, lo prometo. Este uniforme es sencillo y tiene los colores oficiales del restaurante.

—¿El restaurante tiene colores oficiales?

—Sí, el edificio está pintado en verde, rojo y amarillo. El uniforme lleva los mismos colores. Es decente, lo prometo.

¿Decente? Cliff no tiene ni una pizca de decencia en el cuerpo; lujuria sí tiene de sobra, morbo, glotonería, pereza, avaricia, envidia… pero decencia no.

—¿Y a qué se debe ese cambio? —pregunto.

—Bueno…

—A mí no me vayas a mentir que no soy como los demás.

—Está bien. El gran jefe dará una visita la otra semana y tenemos que parecer un restaurante de calidad; él nunca aprobaría los uniformes actuales.

Eso lo explica todo.

Estoy a punto de dar mi comentario al respecto, pero una figura masculina se atraviesa entre los dos. Su brazo cae en mi hombro y se acomoda tranquilamente.

—¿Acaso escuché algo acerca de uniformes? —pregunta Adam mientras asiente positivamente hacia Cliff.

—¿Qué haces aquí? —lo regaño, quitando su mano de mi hombro—. No me toques a menos que quieras perder ese brazo; y esta área está restringida, es solo para personal autorizado.

—Déjalo —dice Cliff encogiéndose de hombros—, es casi el dueño del lugar, sale con la hija del jefe así que viene siendo lo mismo.

Ruedo mis ojos mientras suspiro para encontrar paciencia.

—Estamos discutiendo el tema de los uniformes de trabajo —comenta Cliff, señalando a la caja aun bloqueando la puerta de salida de emergencia—. ¿Te gustaría echarles un vistazo y darnos tu opinión?

Adam se encoge de hombros pero de igual forma corre para verlos.

Noto que abre la caja con cuidado, y pronto está sacando el primer uniforme que, al parecer, consiste en una camisa de botones y una falda de color sólido en verde.

Es realmente decente, tal y como prometió.

—Vaya —murmuro—, sí cumples promesas. Pensé que…

—¡Esto es aburrido! —interrumpe Adam, sacudiendo el uniforme en sus manos—, ¿qué pasó con los clásicos trajes de porrista? ¿O aquel de marinera? ¿O el de enfermera?

—Es que tendremos visitas… —trata de explicar Cliff, pero Adam se le acerca, colocando esta vez el brazo sobre su hombro, y vuelve a interrumpirlo.

—Pensé que este restaurante era visionario —comenta él—. Admitámoslo: la comida no es la que atrae a los clientes, las bellas mujeres sí. Creo que ganarías más si tuviéramos a las chicas en… no sé, un traje de policía.

Me cruzo de brazos mientras lo observo convenciendo a Cliff, endulzándole el oído con lo que más le gusta escuchar: dinero.

—Imagine cuánto dinero haría —sigue diciendo Adam.

—¡Hola! —digo de forma sarcástica—. Estoy aquí, y definitivamente no voy a usar ninguna clase de uniforme de policía.

—Tu no —dice Adam—, pero tal vez las otras sí. Preguntemos opiniones.

Cliff asiente rápidamente con la cabeza, convencido con la idea.

Dulce, quien resulta la primera encuestada mientras pasa a la cocina, se nos queda viendo horrorizada cuando Adam comenta sobre los trajes de policía.

—Esta es mi respuesta —dice ella, entonces procede a sacar su tercer dedo.

Me rio en voz alta mientras ella se marcha, dejándonos atrás.

—Ese voto no cuenta —dice Adam—. ¿Qué tal otra?

Entonces pasa Mirna, tarareando algo de Maroon5.

Por supuesto, su voto fue positivo.

—En definitiva, yo lo usaría —comenta ella, emocionada— ¡Pidan uno para mí! Verán, soy de huesos anchos así que espero y pidan algo de talla especial. Aunque, agg, ¿no los irrita eso de “talla especial”? Como si nuestra condición fuera algo anormal, ¡por Dios! Solo estamos un poco rellenas.

Ella rueda los ojos mientras que Cliff la observa horrorizado.

Cuando finalmente Mirna nos deja para ir a limpiar los baños de mujeres, Cliff niega inmediatamente con la cabeza.

—No, no habrá nada para Mirna —decreta.

—Pobre, mataste sus ilusiones —comento, riendo—. Su sueño era estrenar su recién operada cadera con ese uniforme.

Adam intenta volverlo a convencer sobre los uniformes, pero nadie está de acuerdo con la idea. Además, Anna no está presente para dar el voto final en contra.

—Es mejor que nos quedemos con los uniformes que tenemos —responde Cliff finalmente y luego de pensarlo bien—. Si le preguntamos a Anna cuando venga, ella va a decir lo mismo.

—Definitivamente —estoy de acuerdo.

Cliff suspira mientras vuelve a pasarse el mismo pañuelo descartable por la frente, dejando pequeñas tiras de papel incrustadas en su rostro.

—Bien, nos quedaremos con…

—¡Espere! —grita Adam—. Le pagaré para que los pida y los usen a finales de esta semana.

—¿Qué?

—¡Trato echo! —grita Cliff, ignorando mi malhumorada pregunta—. Pero tal vez demoren un poco más, los tengo que pedir en Amazon y…

—En tres días o no hay trato —termina Adam. Para terminar de convencer a Cliff saca un fajo de billetes del bolsillo trasero del pantalón.

Cliff no lo duda al ver tanto dinero y asiente con la cabeza, extendiéndole la mano a Adam para dar por cumplida su parte.

—Perfecto —murmura él tomando el dinero—. Esto es un trato.

—No puedo creer esto —digo, asombrada por tanta locura—. ¿Vas a pagar para que usemos esos uniformes? Oh… ahora lo entiendo.

Mis ojos se abren, mirando en dirección al mejor amigo del traidor de genitales pequeños.

—¡Quieres ver a Anna usándolo! —lo acuso—. No puedo creerlo, te gusta mi amiga. Estás que te derrites por ella…

—Yo no lo pondría de esa forma…

—Te la comes con los ojos…

—Es bonita, pero tengo novia y…

—Estás loco por Anna, aunque eres un tiburón de colmillo grande…

—Yo soy yo y además ella debe tener a alguien…

—¡Te gusta Anna! —repito más fuerte—. No puede ser. Digo, ya lo sabía pero…

—Eh, ¿interrumpo? —pregunta precisamente mi amiga que recién viene entrando por la puerta de empleados.

Noto cómo el rostro de Adam enrojece de repente. De igual forma Anna es demasiado despistada, jamás sabría que hablábamos de ella ni aunque mencionáramos su nombre unas mil veces en la misma oración. Es inocente, como un venado bebé.

—¡Anna! —grito con emoción, abrazándola—. Qué bueno que viniste porque justo hablábamos de ti.

—¿De mí? —pregunta ella, toda asustada por la atención de los tres: Cliff, Adam y yo.

—Sí —interrumpe Adam, evitando que revele nuestra previa conversación—. De lo mucho que quiero que me sirvas un refresco de soda.

Adam la toma de los hombros y se la lleva lejos de nosotros.

Tiburón callejero.

—Mmm, entonces tú eres testigo de que él iba a pagar por esos uniformes, ¿correcto? —pregunta Cliff en mi dirección, contando el dinero en efectivo que Adam le dio—. Creo que, si ese chico me pidiera hacerle un baile privado usando únicamente una tanga de color azul, no lo dudaría ni un segundo con tal y pague así de bien.

Lo observo con horror.

—¿En serio acabas de decir eso?

Cliff se aclara la garganta mientras guarda el dinero en su pantalón.

—Ignora lo que dije —dice finalmente—. Nunca tuvimos esta conversación.

Con eso él se va de mi vista, dejándome una no muy bonita imagen mental de él en tanga.







*****





Es sábado por la noche y acabo de terminar mi turno en el restaurante.

Hoy fue un día agitado y me siento realmente cansada. El dolor en mis piernas es tanto que es como si pidieran a gritos ser separadas de mi cuerpo para sentir algo de alivio.

Mientras camino sola a casa, con mi bolso bajo el brazo, pienso en lo mucho que deseo regresar a mi vieja habitación, a mi vieja vida y con la misma familia que siempre me esperaba con sorpresas al entrar. No eran sorpresas agradables la mayoría del tiempo, como cuando Rowen se cayó de la bicicleta y se lastimó el pómulo y tuvimos que correr para que le hicieran puntos. O cuando el abuelo le dio por enamorarse de la vecina y salía en ropa interior para pararse frente a su casa y exhibir su cuerpo durante horas… aunque creo que todavía hace eso. Pero en fin, siempre era recibida por mi familia, sin importar la manera.

Ahora con la llegada de mi progenitora es casi imposible regresar a ese viejo ambiente. Simplemente desearía que finalmente mamá (me molesta llamarla de esa forma) se aburriera de nosotros y decidiera irse de una vez por todas, aunque presiento que esta vez, si se va, nos dejará a su nueva bebé.

Mientras voy caminando por un lugar oscuro y solitario, pensando en lo pesada que se volverá la vida de todos con un nuevo bebé en camino, no me percato al instante de unos pasos que parecen venir detrás de mí. 

Al principio no les doy importancia y me alegro de al menos tener algo de compañía en el viaje, pero es cuando escucho los pasos cada vez más cerca que me preocupo.

Me aparto del camino para dejar pasar al que sea que parece ir deprisa, pero la persona nunca me sobrepasa. Tengo miedo de mirar atrás y descubrir a un sujeto en máscara y cuchillo en mano, pronunciando mi nombre con voz aterradora mientras corre detrás de mí, clamando por mi sangre. O tal vez tenga pavor de ver a un hombre ordinario, gritando “violador” en toda su aura.

En la tenue iluminación de la calle noto una sombra bastante masculina que camina casi respirándome en el cuello, carga algo que en las sombras no tiene forma de nada inocente.

Agudizo mi oído para escuchar los pasos que ahora vienen cada vez más cerca. Mi cerebro comienza a combustionar y mi amígdala, esa parte del cerebro que reconoce el peligro, se activa al instante (sí, aprendí eso viendo un episodio de Juegos Mentales).

Decido caminar más rápido, o al menos hasta la parada de bus más cercana, pero noto que la sombra casi iguala mi paso.

Me pongo nerviosa y comienzo a hurgar disimuladamente dentro de mi bolso para sacar el gas pimienta; reviso todo de un lado a otro, recorriendo con mis dedos los escondites secretos, pero no logro encontrar el bendito gas. Seguramente lo dejé en casa, junto con Phillip, mi navaja.

Mierda. Estoy desarmada y no es bueno.

Avanzo aún más rápido mientras siento ojos en mi espalda, ojos perforadores, ojos que pueden pertenecer a un violador o a un asesino con apodo de carnicero y no me interesa ser su próxima víctima.

Doblo en una esquina y decido ser cobarde y correr. Hay más gente al final de la calle y se supone que a los violadores o ladrones no quieren llamar la atención, ¿verdad?

A este punto ya no disimulo mi malestar, y casi parezco una loca cuando siento que no logro avanzar nada.

Para mi sorpresa, los pasos que escuchaba antes ahora parecen también correr, correr detrás de mí.

No, no, no, no. He visto esto en la televisión, pero nunca esperé que me ocurriera algo similar. No a mí, por favor. Prometo no comerme el último trozo de pizza del abuelo, o quedarme una hora entera en el baño solo por el simple placer de hacer a los demás esperar. Lo prometo.

Corro por toda la calle, esperando llegar a donde están todas esas personas saliendo de lo que parece es un club nocturno. Conozco el sitio y sé que hay que doblar otra vez más adelante, siento como si nunca llegaré a ningún lado, y escucho los pasos corriendo detrás de mí otra vez.

Estoy casi a punto de llegar cerca de una chica que está vomitando en la acera, cuando una mano me toma del brazo y casi al instante me tapa la boca con la otra mano libre.

Por instinto, y por terror, comienzo a gritar pero apenas y se escucha algo a través de la mano del violador asaltante.

Siento que coloca su brazo sobre mi cintura y me eleva unos centímetros del suelo cuando me lleva hacia atrás, lejos de la gente y comienza a avanzar lentamente hasta que la luz ya no pega directamente sobre nosotros.

Mi amígdala debe estar a punto de desmayarse con tanta adrenalina, y mis manos no dejan de intentar empujar las manos del tipo que ahora me tiene acorralada.

No, no, no, no.

Dejaré de regañar a la gente, dejaré que Russell tenga novia y la lleve a casa más seguido, incluso dejaré que papá le haga un altar a la esposa infiel de la que se enamoró.

Al final decido que tengo que hacer algo, tal vez patearlo o morderlo, pero no es una opción quedarme estática y sumisa.

Intento morderle la mano con la que sujeta mi boca, y veo que funciona porque la aparta, profiriendo una mala palabra cuando nota la sangre que ahora sale de la mordida que le di.

El tipo aún me sujeta de la cintura así que me apresuro a patearlo con fuerza, alcanzando a darle en el pie.

Escucho sus gritos, pero mi cerebro está tan sobrecargado que comienzo a gritar también, pidiendo ayuda.

—¡Ayuda, me quieren violar! ¡Ayuda!

Es cuando escucho un lloriqueo en el suelo, que logro brevemente reconocer la voz de mi asaltante.

Me giro por completo para verle la cara, y doblado en la acera, sosteniendo su pierna, se encuentra Key.

—¡Soy yo! —grita Key, su voz estrangulada de dolor—. Rita, no grites que soy yo.

Mi cara debe parecer un enigma porque él decide aclarármelo nuevamente:

—Soy yo —repite entre jadeos—, y creo que acabas de fracturarme un hueso.

Respiro con dificultad cuando mi sistema registra lo que está sucediendo.

Es Key. ¡Es Key!

—Rita tranquila —dice él nuevamente—. No pensaba hacerte daño, solo quería seguirte a casa porque recibí un texto de Adam diciendo que hoy salías tarde y te ibas sola.

Ahora paso del terror a la ira en un instante.

Recojo el bolso que se me había caído al suelo y, aprovechando que Key está en el piso, comienzo a golpearlo con él.

—¡¿Cómo pudiste, semejante idiota?! —grito mientras lo golpeo—. ¿Sabes lo que sentí? ¡Eres un pervertido con intenciones poco inocentes! Perro maloliente…

Escucho que Key se queja y pone las manos frente a la cara para evitar ser golpeado, pero mi molestia no acaba allí así que continúo golpeándolo con mi bolso.

—¿Quién te crees que eres? —le grito entre golpe y golpe—. ¡Me asustaste! Esa clase de bromas no se le hacen a nadie… ¡Genitales pequeños!

—Lo siento —escucho que grita él—. Ya no me pegues, Rita.

—“Ya no me pegues, Rita” —imito con voz artificial mientras continúo haciéndolo—. Te mereces esto y más. Pensé que eras un asaltante…

—Basta, perdón —grita él.

Sé que estamos llamando la atención de la gente porque pronto alguien me toma de los brazos para alejarme de Key y evitar que le dé una paliza.

—¿Qué pasa aquí? —pregunta un chico que huele a alcohol—. ¿Este sujeto te está haciendo daño, muñeca?

Respiro entrecortadamente mientras miro entre Key y el chico que se cree mi salvador.

—Sí —le digo—. Me sujetó muy feo y quiso aprovecharse de mí en ese callejón de atrás.

Señalo el callejón que está a unos pasos antes de nosotros y asiento al chico en el suelo.

—Es un violador —murmuro.

Key, quien a todo esto se logró poner en pie, niega con la cabeza. Eleva ambas manos al aire para tranquilizar la situación.

—No, no es así —dice él—. Solo la seguía para acompañarla, es tarde ya y camina sola en lo oscuro.

—¡Me tapaste la boca con la mano! —lo acuso—. ¿Qué clase de anormal eres?

—¡Tapé tu boca porque estabas corriendo y pensé que te seguían! Quería escondernos en caso de que te encontraras en peligro.

—¡Corría de ti, animal!

—Bien, bien —nos interrumpe el chico desconocido, interponiéndose entre los dos—. ¿Ustedes se conocen?

—Yo no lo conozco ni lo he visto nunca en mi vida —digo, apartando la cara a un lado para evitar verlo.

—¡Fue mi novia! —grita Key—. Claro que me conoce.

—Fuimos novios por un segundo. Éramos de esas relaciones fugaces que comienzan y terminan en un parpadeo, fuimos algo y ya no somos nada.

—De acuerdo —nos señala el chico con olor a alcohol—. Claramente esto es una pelea en pareja que necesita ser arreglada.

—¡No somos pareja! —grito.

—Gracias por la ayuda —murmura Key—. Yo me iré a casa con ella, mi auto está estacionado cerca de aquí.

—Bien —murmura él de mala gana—. ¿Está bien eso para ti?

La pregunta la hace en mi dirección, y tengo que asentir con la cabeza para no dramatizar toda la situación.

El chico, y al parecer sus amigos que también observaban la escena de lejos, se marchan por donde vinieron.

Me cruzo de brazos cuando veo que ya no queda nadie en la solitaria calle.

—No me pienso ir contigo —le digo casi al instante—. ¿Cómo pudiste seguirme? Todavía no puedo creer que hayas cubierto mi boca con tu grasienta mano que toca tus genitales pequeños cada vez que te sientes solo y necesitado de atención.

Key eleva ambas de sus cejas.

—Bien, para aclarar algo —dice él—: no tengo genitales pequeños. ¿Quieres comprobar?

Comienzo a caminar para alejarme.

—No traigo una lupa conmigo —digo—. Ahora déjame en paz.

—Rita, lo siento —se disculpa—. Tú comenzaste a correr como desquiciada y pensé que tal vez alguien te estaba siguiendo. Déjame, por favor, llevarte a casa.

—Prefiero ser comida de zombies.

—Oye, no seas así. Además, ya te dije que no son pequeños. Son mi orgullo…

—No quiero hablar de tus genitales… o la falta de ellos.

—¡Son grandiosos! Deberías querer verlos.

Ruedo los ojos mientras sigo caminando.

—No estoy interesada —digo de mala gana—. Después de este susto, lo que menos quiero hacer es hablar contigo. ¡Ya hasta me dio hambre de toda la energía que gasté!

Key se acomoda a mi paso, por un momento olvidaba que él es alto al igual que yo y que fácilmente se puede poner a mi nivel.

—Te puedo invitar a comer —dice él pronunciando las palabras mágicas—. Conozco un buen lugar donde venden perritos calientes y ni siquiera estamos tan lejos.

Su invitación me produce más hambre todavía y estoy tentada de aceptar.

—No gracias —murmuro—, mejor hablo con Aldo para que venga por mí.

—Apuesto a que él ni siquiera te ofrecerá ración doble —Key eleva dos de sus dedos—. Doble mostaza y salsa de tomate, además de pepinillos y todo lo que quieras poner.

El hambre se agita dentro de mí, como si me llamara.

—Está bien —acepto de mala gana—. Pero será solo una cena, luego de eso quiero que desaparezcas de mi vista.

—Cumpliré solo la parte de la cena —dice él—, no creo que quieras estar alejado de estos genitales “pequeños” por mucho tiempo.

Caminamos en silencio mientras él me indica la dirección.

—Para que conste —digo—, lo de genitales pequeños era un sobrenombre que no deberías haber escuchado, al menos no todavía.

Key asiente con la cabeza, caminando un poco raro por la patada que le di hace un momento atrás.

—Y lamento patear tu pierna, aunque lo admito: lo disfruté.

—Recuerda que también mordiste mi mano —eleva su mano para que la vea. Mis dientes se marcan a la perfección y todavía la piel luce rojiza.

—Sí, lo disfruté también.

Él se limita a negar con la cabeza, pero parece no guardarme rencor por lo sucedido. No es como si estuviera absuelto de toda la culpa porque, para empezar, ¿quién hacía eso?

—Espero que ese perrito caliente valga la pena —lo amenazo—, y también quiero una soda gigante. Correr así me da sed, por eso no hago ejercicio.

—Te daré algo mejor —dice él—. ¿Qué tal una cerveza bien fría?

—De acuerdo —digo luego de unos instantes.

Después de eso nadie habla.

Suspiro mientras me pego un poco más a él cuando veo sombras extrañas en las paredes de los edificios contiguos y que después resultan ser proyecciones de los árboles que decoran la acera.

Hago esto por la comida. Hago esto por la comida… o al menos intento repetirlo como un mantra para no olvidar el principal objetivo: no volver a confiar otra vez en nadie, y definitivamente no volver a confiar en Key.






Key




Rita sí sabe cómo dar un golpe.

Trato de que no se me note, pero mi cojera es algo inevitable cuando no puedo apoyar bien el pie debido al dolor.

De verdad, ella es impresionante.

—Llegamos —anuncio cuando después de diez minutos de caminar encontramos el lugar del que tanto le hablaba.

Para ser algo tarde, la gente todavía se aglomera por conseguir el mejor perrito caliente de la casa. El sitio es simplemente un puesto de comida callejero, apenas y cuenta con unas cuantas sillas y mesas ubicadas al aire libre para que la gente tenga donde comer.

Le indico a Rita que me siga para ordenar, y puedo ver cómo sus ojos se agrandan al ver el menú que está escrito en tiza sobre una pizarra.

—Todo se ve delicioso —murmura ella, sonriendo y olisqueando la comida al mismo tiempo—. No sé qué pedir.

—Te recomiendo pedir uno de la casa, es el más impresionante de todos.

Ella aplaude con ganas mientras hacemos fila para ordenar.

Después de varios minutos por fin es nuestro turno y Rita parece una niña en un carnaval, viendo todo por primera vez.

Ordenamos dos perritos calientes de la casa y también dos cervezas bien frías para acompañar.

Buscamos asientos y juntos esperamos en silencio, observando los autos pasar mientras, hasta que nuestro pedido está listo.

—¡Vaya! —grita Rita cuando observa los perritos calientes—. Son enormes… y se ven tan deliciosos que siento lástima por comerlos. Pero no importa porque de igual forma los voy a devorar.

Sonrío mientras la observo comer, eso es hasta que me siento demasiado avergonzado por observar y decido apartar la mirada.

Ambos comemos haciendo ruidos placenteros, y bebemos pequeños sorbos de la cerveza entre cada mordida.

Al finalizar de comer, Rita acaba su cerveza primero y pide otra más.

—Estoy llena —murmura cuando casi acaba su segunda cerveza—. Pero de una manera muy buena.

Se señala el estómago y sonríe con simpatía.

—Te dije que eran los mejores.

Ella asiente con la cabeza mientras observa hacia el cielo.

—¿Por qué me buscaste de nuevo, Key? —pregunta después de varios largos minutos de silencio—. ¿Por qué no pudiste dejarme tranquila en mi odio y mi rencor?

Trago otro sorbo de cerveza mientras la observo.

—Lo siento —me disculpo.

Mis palabras parecen no bastarle porque comienza a beber lo último de su segunda botella, de un solo trago.

Cuando acaba, eructa sin ningún miedo en mi cara.

—Perdón —dice encogiéndose de hombros—. Ya ves, cometo el error primero y luego pido perdón. Pude haber calculado apartar el rostro para no afectarte, pero decidí eructar en tu jodida cara y luego disculparme de los daños causados.

Ella ríe de sus palabras, pidiendo otra cerveza al mismo chico que tomó nuestra orden.

—Sé que tengo solo diecinueve años y que no se puede beber en varios países a esa edad —murmura, pareciendo desde ya un poco ebria—, pero empecé a beber pequeñas cantidades a los dieciocho. No es como si fuera una adicta ni nada, pero a veces eso ayuda a adormecer el cerebro. Al final la edad termina siendo solo un número más…

Le pago al chico que nos trae su tercer cerveza y Rita, casi de inmediato, decide tomarla.

—Lamento no haber pensado en los daños primero —digo en voz baja, retomando sus palabras anteriores—. Me siento un estúpido…

La risa de Rita me interrumpe.

—Estabas en tu derecho —dice ella—. Yo fui la apresurada que le exigió demasiado a una simple persona.

—No es así —continúo—. Por favor, perdóname. No debí haber huido detrás de Mia o haberla tomado como una de mis prioridades en aquel entonces.

Rita sonríe sin notar que lo haga en serio.

—No quiero escuchar tus disculpas —sacude su cabeza mientras vuelve a tomar otro trago de su cerveza—. Lo hecho, hecho está.

—Sí, lo sé, pero me arrepiento de haberte dejado. Tú eres una persona fuerte y…

—Y creíste que no tenía permitido tener mis momentos de debilidad —termina la frase por mí—. Claro, lo entiendo.

—Pensaba de esa forma —digo, necesitando aclararlo todo—, pero ya no más.

Veo a Rita elevar sus cejas.

—¿Qué cambió? —pregunta ella.

—Mis hermanas me dijeron algo que me puso a pensar en si yo estuviera en tus zapatos, y viera cómo te vas con uno de tus ex novios solo porque tiene una crisis nerviosa.

—Creo que yo nunca haría algo como eso —dice, su voz sonando cada vez más pesada y lenta—. Míranos ahora, estás pasando por un momento de crisis y no me estoy derritiendo por aceptar tus disculpas.

Sus palabras duelen, pero sé que las merezco.

—Entonces déjame terminar —le suplico—. Lo siento. Lamento todo el daño que te provoqué. Y no tengo nada más que simpatía por Mia y de verdad siento no haberte aclarado las cosas cuando sucedieron en su momento. Créeme, si pudiera hacer algo que te haría cambiar de parecer en cuanto a la opinión que tienes de mí, entonces lo haría.

—¿Harías lo que fuera? —pregunta.

Asiento con la cabeza.

—Lo que sea.

Ella es ahora quien asiente con la cabeza, luciendo pensativa mientras observa el suelo.

—Quiero que me dejes en paz —dice finalmente, mirándome a los ojos—. Quiero que no me busques más y olvides todo acerca de mí. Te pido que me dejes ir.

Algo en mí duele como si le estuvieran apuñalando. El dolor es más insoportable que la mordida o la patada que me dio esta misma noche.

Observo los rasgos de su cara, apreciando el pequeño lunar que tiene en la frente y que no recordaba que estuviera allí antes. Recuerdo sus labios cuando nos besamos y cuando tiende a decir lo primero que se le pase por la cabeza.

No puedo hacerlo, no puedo simplemente dejarla ir.

Estoy a punto de abrir la boca para hacérselo saber, pero ella me interrumpe rápidamente:

—Por favor —suplica—, déjame ir. Está claro que ninguno de los dos se merece al otro y que solo provocamos nuestra propia infelicidad. Si te parece bien acepto tus disculpas, pero no me vuelvas a buscar.

—No pidas eso…

—Te lo suplico. Aléjate de mí, déjame en paz.

—¿Por qué me pides eso?

Ella desvía la mirada mientras responde.

—Porque lo estás haciendo difícil para mí, Key. Estás haciendo que arruine todo lo bonito que tuvimos y lo transforme en este cuadro desagradable. Déjame ahora que los recuerdos no se han contaminado del todo.

Luego de decir eso toma otro trago de cerveza, esta vez fue más largo que el anterior.

Veo cómo la bebida pasa a través de su garganta y repite el proceso unas tres veces más.

Finalmente, y después de varios minutos de pensarlo, decido hablar.

—Está bien —digo—. Ya no te buscaré más. Haré una última cosa por ti y eso será llevarte a casa, ¿estás de acuerdo? Luego te prometo que no sabrás de mí ni de broma.

Rita aparta la vista y asiente.

—¿Es una promesa? —pregunta ella.

—Es una promesa —aprovecho que me está viendo nuevamente para dibujar una equis con mi dedo índice, justo en mi mano izquierda.

Ella mira por un buen tiempo mi mano y luego suspira mientras se pone de pie.

—Bien, por una última noche de Rita y Key —dice elevando su casi vacía botella de cerveza—. ¡Salud!
Elevo la mía, sin terminar, y brindamos juntos.
—Salud.
Supongo que esto es todo lo que puedo hacer por ella: alejarme.
Tal vez mamá se equivocaba al decir que los hombres Miller eran insistentes, porque al verla así a Rita, tan herida y saber que fui el culpable, no me trae ganas de insistir en lo nuestro.

Ella no merece pasar por las cosas que yo le hice pasar, así que le daré eso. Ella no volverá a saber de mí, la estoy dejando ir.

Comentarios

  1. Hola lia buen dia soy nueva en tu mundo de historias, una amiga me tenia un hijo con ADAM, en serio creo que NOAH astralmente se estaba gestando en mi, en fin, mientras noah crecia mi amiga me habla mas y mas de tus historias y decidi leerlas y comenzar con no te enamores y WOAH! revelacion. CHICA ERES BUENA!!..pero luego vi prometo fingir que me gustas y RECORHOLIS, MARIA MAGDALENA Y TODOS LOS NIÑOS DEL SANTO SOCORRO!! ME ENCANTOOOOOO!! me enamore de esta historia tanto que no termine la de Adam!! por favor actualiza.. emm encanta tus ideas,la personalidad de Rita y como logras compaginar todo de manera divertida y real!! solo quiero decirte que la forma en que escribes es magistral, (por favor no me hagas sufrir esperando tanto).. psdata: valoro el coraje para escribir, yo aun no lo logro! animos! lo haces fantastico y el que diga lo contrario que vaya y comience a freir esparragos mientras un ninfa del bosque lo sumerge en savia hirviente y un batallon de ardillas rabiosas se dirige contra el (o eran bellotas fritas)!! en finn tu me entiendes! att: Yoli!

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  2. ¡¿¡QUÉÉÉÉ!?!, Omg, no comments

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  3. Estúpido Key, lo amo y lo odio al mismo tiempo. :(

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  4. Eso fue tan inesperado!
    Idiota y sensual Key
    Rita, eres genial!
    Gracias por el capítulo Lia

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  5. Oh, adoro los finales felices.

    Bueno, quiero que cada uno tiene su tiempo y piense no tan hormonal y ahí vemos

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  6. Buenas Lia...estuvo super bueno el capítulo como siempre, ojala puedas actualizar pronto, ahora tengo sentimientos encontrados, por un lado entiendo completamente a Rita y entiendo su pedido, pero ahora como se siente Key y...
    Da igual, él se lo buscó por seguir a la desquiciada esa, que SUFRAAAA!!!

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  7. Tonto key, lo amo y lo odioo buen capítulo!

    Saludos

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  8. Aaaah se me escapó una lágrima, me encantó como le habló Rita, hasta fue adulta con respecto a sus sentimientos, "Estás haciendo que arruine todo lo bonito que tuvimos y lo transforme en este cuadro desagradable. Déjame ahora que los recuerdos no se han contaminado del todo", amé esa parte!!! Te aplaudo Lia, te quedó genial el capítulo!!!
    Me gustó como agregaste el personaje de la mamá, siento un profundo odio por ella, y un respeto por Rita, eso habla de que es mucho más madura que Key y ella se merece que él esté 100% por ella.
    Ahora a esperar cómo el tonto de Key sigue cometiendo estupideces, pero en este caso ya Rita no va a poder reprocharle nada. Creo que sufriré más en esta historia que en la de Adam. Muchas gracias por subir tan pronto un nuevo capítulo!!!

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  9. Como siempre mi estimada Lia, no dejas de sorprenderme, me encantó este capitulo, al igual que los demás... siempre me he preguntado ¿que o quién te inspiró a crear a Rita? ¿En quién te basaste? me identifico mucho, como no tienes idea con ella, y eso me causa curiosidad, pero bueno, creo que moriré con la duda. como siempre niña, no dejes de escribir, eres fantástica en lo que haces... Cuidate mucho... tu amiga P, puntos suspensivos... jajajajaja

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  10. Me encanto este capitulo... Como siempre leo primero aquí me encanto mucho Rita valiente hoy... Y key aunque siempre ha sido torpe al final trato de darle a rita lo que quiere. Eso merece un gran Gracias!

    Espero tengan ambos sus tiempo fuera y comiensen como debió ser con una mirada, con una sonriza y por fin una amistad solida.. Después el amor verdadero ese del que es imposible que nadie lo afecte por mas que traten..


    En mi imaginación sobre Rita y key se reúnen de forma inesperada a vivir juntos.

    Un abrazo lía gracias por dar nos un poco de diversion con tus palabras...

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